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¿Qué es el Banco Expropiado La Canica?

El Banco Expropiado La Canica es un espacio situado en Lavapiés, Madrid, en el número 2 de la calle Huerta del Bayo. Un espacio que albergaba hasta hace no mucho una sucursal de Bankia y que vecinas y habitantes de diversos barrios utilizan hoy para avanzar en el, digámoslo así, turbulento proceso autogestionario que vive la ciudad en los últimos años y empezar a coordinar distintos proyectos y herramientas sofisticadas que, sin ser muy conocidas, hemos sabido construir durante todo este tiempo.

Una de ellas es La Canica, una red de intercambio consolidada desde hace algún tiempo en diversos barrios, que se ha dotado de una moneda social alternativa al euro y que está promoviendo ya, con cierto éxito, la formación de cooperativas y la colectivización de recursos y medios de producción. Es, en ese sentido, una herramienta que está siendo muy útil para la organización directa y común de nuestras vidas, permitiendo que circulen bienes entre nosotras reduciendo nuestra dependencia del euro y del trabajo asalariado (quien lo probó lo sabe). No es, en cualquier caso, sino una herramienta más dentro de las muchas que apuntalan ya una economía propia. Madrid cuenta con grupos de consumo cada vez más coordinados, redes de productoras que se apoyan mutuamente y vecinas que refuerzan el comercio solidario de barrio como brillante apuesta de recomposición de la vida social del territorio. El Banco Expropiado se presenta, por tanto, como un espacio de cruce de tan buenas iniciativas con el propósito, ambicioso pero nada loco, de que el movimiento popular, organizado, desobediente y amoroso, se dote a sí mismo de cuantos recursos necesite para su vida en común.

Si La Canica y el Banco Expropiado tienen sentido es, por tanto, porque –pese a que haya, es cierto, menos manis– componemos un enorme mundo común cuyos recursos o cuya economía cabe pensar como propia. Vale decir: porque los millones de encuentros que se han sucedido desde 2011 han tenido un sentido, porque existe un afecto común, porque nuestras habilidades organizativas siguen intactas y porque tenemos comprobado que podemos llegar lejísimos. Porque, en fin, el tejido asambleario y autoorganizado sólo puede pensarse como irreversible y permanentemente interconectado. La asamblea de vivienda de Lavapiés, sin ir más lejos, dejó fritos a un par de directores de esta misma sucursal, paró un buen número de desahucios de hipotecas asociadas a ella y firmó varios alquileres sociales en el pulido suelo que hoy pisamos. PAHs y asambleas de vivienda han (¡hemos!) colaborado en una espantada bancaria y, sobre todo, hemos apuntalado su descrédito social. Ampliar nuestra cosecha expropiando un par de bancos en cada barrio puede ser, desde luego, una buena manera de disfrutar nuestras victorias.

Y desde aquí enviamos cien besos a las compañeras de la Bankarrota en Moratalaz, y por supuesto otros cien a las del Banc Expropiat en Gràcia, quienes supieron generar un terremoto feliz cuyos efectos resuenan hoy en el Banco Expropiado La Canica.

Veamos dónde resuenan mañana.

bancoexpropiado.lacanica@gmail.com